En gran medida sí. Vincular transacciones bancarias con partidas pendientes es precisamente el tipo de trabajo para el que está diseñada la conciliación automatizada: una estructura fija, volúmenes altos y un error que casi siempre se puede corregir con rapidez. Donde la conexión bancaria está activa y las reglas de conciliación son claras, esto ya es hoy en día un trabajo que en gran parte realiza el software, con un empleado que gestiona las excepciones restantes.
Un extracto bancario es un archivo estructurado: campos fijos para importe, fecha, cuenta contraria y descripción. Una partida pendiente en la contabilidad tiene ese mismo tipo de campos. La conciliación es entonces en gran medida cuestión de contrastar importe y referencia entre sí, y eso es una tarea que se desarrolla según reglas, no una tarea que exija una nueva valoración en cada caso. A ello se suma que el volumen suele ser grande: una empresa con cientos o miles de transacciones al mes tiene mucho que ganar con un proceso que no se detiene para tomar un café.
El coste del error se sitúa en un punto intermedio. Una vinculación incorrecta no afecta directamente a un cliente y rara vez conduce a una multa, pero sí puede hacer que una contabilidad cuadre sobre el papel mientras la realidad es distinta. Por eso sigue siendo necesario el control, no porque la técnica no pueda con ello, sino porque un único error de conciliación solo se manifiesta más tarde, por ejemplo en una conciliación a fin de mes.
Una transacción de 1.240 euros con la descripción "factura 20345" se vincula automáticamente a la partida pendiente con ese número de factura e importe. Eso funciona sin errores mientras el importe y la referencia coincidan. Si llega un pago parcial, un importe redondeado o una descripción sin número de factura, la conciliación automática se detiene y un empleado debe evaluar a qué partida corresponde. Esa es precisamente la distinción entre lo que un sistema resuelve y lo que queda pendiente para una persona: no porque sea difícil, sino porque falta el dato para aplicar la regla.
La técnica que hoy en día puede con este trabajo se puede tipificar como rpa: software que, según reglas fijas, reconoce, compara y vincula transacciones. No es un sistema autoaprendizaje que estima por sí mismo qué probablemente encaja con qué; es la ejecución de acuerdos que se han fijado de antemano. Eso también significa que la calidad del resultado depende de la calidad de esos acuerdos, no de la inteligencia del software.
Dos condiciones previas determinan si esto funciona en una empresa. En primer lugar, una conexión bancaria activa: sin la entrega automatizada de extractos en la contabilidad no hay nada que conciliar. En segundo lugar, reglas de conciliación claras: cuanto más inequívoco sea el acuerdo sobre qué constituye una coincidencia, menos quedará para un empleado. Si falta alguna de las dos, el trabajo se desplaza automáticamente de nuevo hacia el control manual, y eso no es entonces una carencia de la técnica, sino de la configuración previa.
En una empresa que trabaja con varios proveedores de pago además del banco, esto es algo distinto: entonces también influye cómo esté organizado conciliar transacciones de proveedores de pago, porque eso no se deriva automáticamente de una conexión bancaria. Y en una empresa donde se dan muchos pagos parciales o referencias divergentes, la parte de trabajo manual sigue siendo mayor que en una empresa con flujos de pago fijos y reconocibles.
Esta tarea ilustra un patrón que se aplica de forma más amplia: el trabajo que se desarrolla según reglas y se presenta en volúmenes altos se desplaza antes hacia el software que el trabajo que exige una valoración caso por caso. Ese mismo patrón lo vemos en registrar facturas de compra en el sistema contable y en vigilar los vencimientos de facturas de compra para un pago puntual, ambas tareas con una estructura fija y repetición. En una empresa donde esos mismos procesos están menos estandarizados, ese desplazamiento avanza más despacio, no porque la IA pueda menos allí, sino porque la base para ello todavía debe establecerse.
Lo que queda no es casualidad: es la parte donde se necesita un juicio que no encaja en una regla. Quien quiera tener esto claro para su propia administración, hace bien en también revisar elaborar la lista de partidas pendientes de deudores y acreedores, porque en la práctica esas dos tareas suelen estar relacionadas.
Esto no es un consejo de personal ni una fundamentación para una decisión sobre puestos o plantilla. Lo que una organización haga con la capacidad liberada es cosa de la propia organización. Si surge una cuestión relacionada con la participación de los trabajadores al reorganizar este tipo de procesos, se aplican para ello requisitos legales propios; véase cuándo corresponde al consejo de empresa.
Si este desplazamiento ya ha llegado tan lejos en su propia contabilidad depende de su conexión bancaria y de la precisión de sus reglas de conciliación. Eso varía según la empresa, y una afirmación sin conocer esos datos no es más que una suposición. El quickscan gratuito de FTE TO AI ofrece una primera indicación al respecto: doce preguntas, sin necesidad de cuenta, con una indicación de qué parte de las horas en este perfil se puede transferir hoy a la IA. El análisis de trabajo completo, que desglosa de esta manera el trabajo de toda su empresa, todavía está en construcción.
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